Félix Alfonso Alonso, bombero con más de 41 años de servicio, bajará el cuadro de la Virgen de La Paloma el 15 de agosto. Este acto simboliza su despedida y un legado familiar.
El próximo 15 de agosto, Félix Alfonso Alonso, un veterano bombero del Ayuntamiento de Madrid, llevará a cabo una emotiva tarea: el descenso del cuadro de la Virgen de La Paloma. Esta acción no solo representa una tradición en las fiestas madrileñas, sino que también es el cumplimiento de una promesa hecha a su hija Ana hace más de quince años. Desde que era pequeña, Ana le preguntó a su padre cuándo realizaría este acto simbólico. Ahora, a punto de jubilarse tras 41 años y cuatro meses en el cuerpo, Félix finalmente podrá cumplir esa promesa.
La maniobra para bajar el lienzo no es tan sencilla como parece. Requiere precisión y coordinación entre Félix y sus compañeros en tierra. «Es una tarea simple, pero también tiene su complicación porque no contamos con mucho espacio», explicó Félix mientras se preparaba para la operación dentro del templo ubicado en La Latina. Para asegurar el cuadro durante su descenso utilizará una cuerda y una polea.
Félix se unió al Cuerpo de Bomberos en 1985, cuando era joven e inexperto. Desde entonces ha estado vinculado a la Hermandad de la Virgen de La Paloma, lo que ha hecho que esta imagen tenga un significado especial para él y su familia. Sin embargo, fue un ictus sufrido por su madre en 2019 lo que le llevó a distanciarse temporalmente del compromiso con la hermandad.
La idea del descenso volvió a cobrar fuerza cuando se acercaba su jubilación. Su hija Ana le recordó la promesa: «Tú tienes una cuenta pendiente conmigo». Con esto en mente, Félix solicitó formalmente realizar el descenso al presidente de la Hermandad y aunque no pudo llevarlo a cabo el año pasado debido a falta de tiempo, este agosto será diferente.
Este evento marcará no solo un cierre para Félix como bombero sino también un nuevo comienzo para Ana, quien ha seguido los pasos profesionales de su padre al convertirse en técnico sanitario del Samur tras aprobar las oposiciones correspondientes. Aunque aún no tiene plaza fija, ya ha comenzado a trabajar durante eventos importantes como la visita del Papa.
«Este acto va a ser como un relevo generacional», comentó Félix sobre cómo dejará atrás sus años en los bomberos mientras Ana entra al mundo emergente sanitario. A lo largo de sus cuatro décadas como bombero ha enfrentado situaciones críticas; desde incendios devastadores hasta atentados terroristas que han marcado profundamente su carrera.
El recuerdo más vívido sigue siendo los atentados del 11-M, donde muchos colegas sufrieron traumas irreparables. A pesar del peso emocional que carga sobre sus hombros, Félix se muestra optimista ante esta última misión: «Me hace mucha ilusión; espero estar lo más tranquilo posible».
Con todo preparado para este significativo día, los vecinos y miembros locales esperan ansiosos ver cómo se lleva a cabo esta tradición tan querida por todos los madrileños. El evento promete ser tanto un homenaje al trabajo incansable realizado por los bomberos como una celebración familiar llena de emociones.





