Una despedida que es un nuevo comienzo
Este jueves, el corazón de Madrid vibró con una multitudinaria celebración que marcó el traslado del emblemático Café Central a su nueva sede en el Ateneo. La jornada, conocida como Funeral y Resurrección de Jazz, reunió a cientos de aficionados, músicos y familias que se unieron en un pasacalles lleno de alegría y música.
Desde la plaza del Ángel hasta la calle Santa Catalina, los asistentes no solo acompañaron al café en su mudanza, sino que también celebraron su legado. Con instrumentos en mano, los músicos llenaron las calles con melodías que resonaban entre risas y bailes. Este evento no fue solo una despedida; fue un homenaje a la historia del local, que ha sido un pilar del jazz madrileño desde 1982.
A pesar de las dificultades enfrentadas para renovar su contrato de alquiler, los organizadores enfatizaron que este cambio no representa un final. «No es un final, sino un tránsito», afirmaron semanas antes del evento. Juantxu Bohigues, uno de los trabajadores más queridos del café, expresó desde el balcón: No han podido con nosotros. ¡Larga vida al Café Central!. Estas palabras resonaron entre los presentes como símbolo de esperanza y unidad.
El Café Central ha sido testigo de más de 14.000 actuaciones a lo largo de sus décadas en la plaza del Ángel. Su cierre temporal ha dejado una huella profunda en la comunidad musical y cultural madrileña. Sin embargo, este traslado al Ateneo se presenta como una oportunidad para revitalizar su esencia y continuar ofreciendo espacio a nuevos talentos.
A medida que avanzaba el pasacalles, las redes sociales se inundaron con imágenes y vídeos que capturaban la alegría colectiva. Los asistentes compartieron sus experiencias bajo el lema: «Multitudinaria, gozosa, libre». Esta frase encapsula perfectamente el espíritu del evento; una celebración donde cada nota musical era un recordatorio del impacto duradero que tiene este lugar en la cultura local.





