Una iniciativa para revitalizar la huerta madrileña
La Comunidad de Madrid ha lanzado una ambiciosa campaña destinada a preservar y promover las variedades autóctonas de hortalizas y verduras, ofreciendo 55.000 plantones a los agricultores locales. Esta acción busca no solo rescatar sabores tradicionales, sino también fomentar la sostenibilidad agrícola en la región.
Los plantones provienen del Banco de Germoplasma del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (Imidra). Entre las variedades que se ofrecerán este año destacan auténticas joyas de la huerta madrileña, como el melón piel de sapo, el tomate Gordo de Patones, y diversos tipos de pimientos. Este año, además, se introduce una novedad: las cebollas blanca y morada de Chinchón.
Con un incremento notable respecto al año anterior, se distribuirán 7.000 plantones más, alcanzando un total de 55.000 unidades. Los precios se mantienen accesibles: los melones, pimientos y tomates costarán 0,27 euros por unidad, mientras que las cebollas tendrán un precio especial de 0,04 euros por unidad.
Aquellos interesados en obtener estos plantones pueden realizar su reserva a través del portal web institucional hasta el 31 de marzo. La recogida se llevará a cabo en la finca experimental de La Isla, situada en Arganda del Rey, desde finales de abril hasta mayo.
No es la primera vez que la Comunidad pone en marcha esta iniciativa; comenzó en 2014, con el objetivo claro de recuperar cultivos que habían caído en desuso o desaparecido completamente. Hasta ahora, el banco ha logrado reunir más de 300 variedades autóctonas, muchas de las cuales estaban al borde del olvido.
"El 80% del reservorio está compuesto por semillas que comenzaron a desaparecer en los años 60", explica el Gobierno regional. La elección por parte de los agricultores por estas variedades no solo es una decisión cultural sino también estratégica: están mejor adaptadas al clima local y requieren menos insumos para su cultivo.
A medida que avanza esta campaña, se hace evidente que apoyar la agricultura local no solo ayuda a mantener vivas tradiciones culinarias sino que también contribuye a un modelo agrícola más resiliente ante los desafíos climáticos actuales.





