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Madrid, Madriz, Madring: la capital que cambió el chotis por la 'chulería de nuevo rico'

Un artículo de opinión retrata la transformación de Madrid: del manolo de Lavapiés y los chotis a una ciudad volcada en los millonarios extranjeros, con menos virtud y más pecado.

Sofía Herrera Nieto
Sofía Herrera Nieto
· 3 min de lectura

Un artículo de opinión repasa cómo la capital ha pasado del manolo de Lavapiés y los chotis a una ciudad volcada en los millonarios extranjeros, con menos virtud y más pecado, donde ya no queda nada del Madrid rebelde.

Madrid ha dejado de ser aquel Madriz de noches sin sueño para convertirse en un circuito de carreras, el nuevo Madring. Así lo describe un artículo de opinión publicado por 20minutos, que retrata una capital entregada a los millonarios extranjeros antes que a los madrileños de toda la vida.

El texto sostiene que la ciudad se ha transformado en un taller de experimentación sociológica que discurre entre el despojo y la abundancia, con una obsesión por agradar al visitante temporal y al inquilino de lujo de la milla de oro. Frente a esa fascinación, crece un hastío que, a juicio del autor, el político en su burbuja no admite.

Del imaginario popular apenas quedan restos. El manolo de Lavapiés, las zarzuelas y los chotis en los que el chulo Pichi ya castigaba en 1931 han sido sustituidos, según el artículo, por una chulería de nuevo rico que ha cambiado la vanguardia del proletariado por la del adinerado.

"Se ha impuesto una chulería de nuevo rico, que ha sustituido la vanguardia del proletariado por la vanguardia del adinerado"

El relato se detiene en escenas cotidianas. Los serenos desaparecieron y su lugar lo ocupan mariachis que circulan entre Velázquez y Serrano. Ya no se tararea el chotis de Agustín Lara, sino que se canta "La bikina" de Luis Miguel en cualquier esquina, entre fajos de billetes.

Los albañiles ya no cubren sus cabezas con gorras de la Caja Rural, porque ese complemento lo lucen ahora quienes vuelan semanalmente en business de Buenos Aires a Madrid. Los trabajadores de las obras aplican las ordenanzas; los multimillonarios sin trabajo que corren cada hora por el Retiro no, como si la ronda central del parque fuese Miami Beach o el paseo marítimo de Tel Aviv.

La memoria cultural también se desdibuja. De aquel Madrid de la calle Barquillo, de Ceesepe, El Hortelano o García-Alix, quedan exposiciones que alimentan a partes iguales la nostalgia y el bolsillo de quienes venían a cambiar el mundo. Ni el anarquismo de Pío Baroja ni la ceguera de Alejandro Sawa encuentran espacio en esta ciudad invisible.

La otra cara del relato aparece al caer la noche. Mientras los ricos desandan la madrugada en los clubes del nuevo cruce de Alcalá y Gran Vía, familias enteras de rumanos extienden sus cuerpos sobre cartones para encender un hornillo a la salida de cualquier musical, o duermen su indigencia entre bostezos.

El artículo cierra con una constatación: todo eso y más es Madrid, aunque algunos no quieran reconocerlo.

Sofía Herrera Nieto

Escrito por

Sofía Herrera Nieto

Redactora de Actualidad

Escribe sobre la actualidad madrileña, con foco en sociedad, servicios públicos y consumo.

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