Un fenómeno cultural en Madrid
En la década de los 80, Madrid se convirtió en el epicentro de un movimiento cultural que transformó la vida nocturna de la ciudad. La movida bakalao, que comenzó a gestarse en Valencia, encontró su hogar en la capital española alrededor de 1988. Este fenómeno no solo se caracterizó por su música vibrante, sino también por un ambiente cargado de excesos y una cultura festiva que atrajo a miles de jóvenes.
El bakalao, como se conocía inicialmente a este estilo de fiesta, combinaba géneros musicales como el EBM y el New Beat con el uso desenfrenado de drogas como el éxtasis y el speed. Las discotecas emblemáticas como Planta Baja, Nacional III y Specka se convirtieron en refugios para aquellos que buscaban escapar de la rutina diaria.
Entre los personajes más notorios de esta época estaba un joven apodado Bicho. Con su apariencia distintiva —estatura media, pelo rapado y chaqueta bomber— se convirtió en una figura temida y respetada dentro del circuito nocturno. El Bicho no solo era conocido por su presencia intimidante, sino también por su papel como cobrador informal de deudas entre fiesteros. En un entorno donde las tensiones eran comunes debido al tráfico de drogas, él emergió como una figura clave para resolver conflictos.
A medida que las fiestas se extendían durante todo el fin de semana, muchos jóvenes comenzaron a traficar con pastillas para financiar sus noches interminables. Según testimonios anónimos, hasta la mitad de los asistentes a estas fiestas vendían drogas para mantenerse activos durante días enteros.
A pesar del ambiente festivo, la movida bakalao también estuvo marcada por episodios violentos. Las peleas entre grupos rivales eran frecuentes y las extorsiones formaban parte del día a día. El Bicho se vio envuelto en situaciones peligrosas que culminaron en ajustes de cuentas fatales.
La historia del Bicho llegó a un trágico final el 17 de octubre de 1995. Tras una noche llena de actividades ilícitas junto a amigos, fue perseguido por la policía después de intentar escapar en un vehículo robado. La persecución terminó abruptamente cuando uno de los agentes disparó contra él sin previo aviso, resultando en su muerte instantánea.
A pesar del contexto violento que rodeó su vida, quienes lo conocieron lo describen como alguien carismático pero problemático: «No era mal tipo», comentan algunos testigos sobre su carácter contradictorio. Su fallecimiento dejó una huella imborrable en aquellos que vivieron esa época dorada pero peligrosa del bakalao madrileño.





