Los Baños del Niágara, inaugurados en 1879, fueron la primera piscina climatizada de España. Su historia se encuentra oculta bajo el Hotel Príncipe Pío en la Cuesta de San Vicente.
La Cuesta de San Vicente, un lugar emblemático en Madrid, esconde una historia fascinante que data de finales del siglo XIX. En este enclave, donde hoy se erige el Hotel Príncipe Pío, se encuentran los restos de los Baños del Niágara, la primera piscina cubierta y climatizada del país. Inaugurados en 1879, estos baños no solo revolucionaron las costumbres higiénicas y recreativas de la ciudad, sino que también marcaron el inicio del ocio estival y la natación competitiva en Madrid.
El origen de El Niágara se remonta a un contexto donde las infraestructuras sanitarias eran escasas. La ciudad dependía principalmente de sus arroyos subterráneos para abastecerse de agua limpia. Uno de estos arroyos, el arroyo de Leganitos, proporcionaba agua fresca que era utilizada en lavaderos públicos como el Lavadero de Rivadeneira. Fue aquí donde el empresario Vito Montaner vio una oportunidad: transformar este espacio insalubre en un centro dedicado al bienestar.
El 6 de julio de 1879, los Baños del Niágara abrieron sus puertas como un sanatorio urbano. Con instalaciones que incluían consultas médicas y tratamientos hidroterapéuticos, pronto se hizo evidente que su mayor atractivo era un estanque exterior que permitía a los madrileños disfrutar del baño recreativo por primera vez. Este cambio hacia una actividad social fue clave para su éxito.
A medida que avanzaba el siglo XX, El Niágara evolucionó para adaptarse a las nuevas demandas sociales. En la década de 1910, bajo la gestión de Santiago Domínguez, se transformó en un parque recreativo con cine al aire libre y actividades lúdicas. La inauguración del Cine de Verano El Niágara atrajo a multitudes durante las noches veraniegas.
No obstante, fue a principios de los años 30 cuando El Niágara alcanzó su apogeo deportivo. En noviembre de 1931, con la fusión del Canoe Club y el Club Natación Atlético nació el Canoe Natación Club, actual Real Canoe. Este club necesitaba instalaciones adecuadas para entrenar durante todo el año y encontró en El Niágara una solución perfecta.
Bajo la dirección financiera del mecenas deportivo Cástor Ulloa Fariña, se realizaron importantes reformas entre 1932 y 1933: se recortó la piscina original a 25 metros para cumplir con las normativas internacionales y se construyó una estructura metálica que cubría completamente la instalación. Así nació oficialmente la primera piscina cubierta y climatizada en Madrid.
A pesar del impacto positivo durante años, El Niágara no pudo resistir los cambios urbanísticos tras la Guerra Civil Española ni las necesidades crecientes postguerra. A mediados de los años 50 fue clausurado definitivamente debido a su tamaño reducido frente a nuevas exigencias deportivas.
Aunque demolido por completo para dar paso al Hotel Príncipe Pío, algunos vestigios aún perduran: un letrero clásico sobrevive en su fachada como recuerdo directo del antiguo cine que ocupó ese espacio antes. Además, parte de su mampostería original forma parte ahora del hotel.
A día de hoy, historiadores y arqueólogos continúan investigando este legado oculto bajo uno de los hoteles más conocidos cerca del Palacio Real. Para aquellos interesados en descubrir más sobre esta fascinante historia o visitar el área donde alguna vez estuvo esta icónica piscina madrileña, es recomendable acercarse a la Cuesta de San Vicente y explorar sus alrededores.

