La plaza del Hidrógeno ya luce el arco de 11 metros de alto con un oso madrileño y dos dragones chinos. La obra, diseñada por Okuda, se ha convertido en el nuevo punto de encuentro del distrito.
El nuevo arco de Usera ya preside la plaza del Hidrógeno. La estructura, de 11 metros de altura en su punto más alto y 12 de ancho, con un paso interior de 8 metros, se ha convertido en el centro de todas las miradas desde su inauguración. Según publica 20minutos, vecinos y visitantes se acercan estos días para fotografiarla y descubrir sus colores.
La obra, titulada Two cultures in love, ha sido diseñada por el artista Okuda y representa a un oso madrileño y dos dragones chinos fundidos en un abrazo. La comunidad china del distrito ha participado en el diseño, tanto en las formas como en la gama cromática.
Entre los curiosos que estos días recorren la plaza está Pilar, de 79 años, que vive en Usera desde los cinco. Para ella, la escultura tiene un significado claro: «Yo creo que se están saludando. Nos recuerdan que hay que tener empatía por el otro. Entre todas las culturas, no solo con China. Es precioso».
La instalación es permanente y ya forma parte del paisaje del barrio, junto a otros elementos que remiten a la cultura china, como el parque del Dragón en la plaza de las Tizas. Antonio, de 79 años y vecino desde hace siete décadas, también se ha acercado a verla: «Me parece curiosa la obra. Creo que es una buena representación de dos culturas que se llevan bien. El barrio no se ha muerto porque han venido personas de Sudamérica y China. Eso le ha dado vida».
La expectación ha llegado incluso a vecinos de otros distritos. Olga y Virginia, de 44 años y residentes en Carabanchel, se han acercado para conocer el arco en persona: «Ha quedado muy bonito y sorprende mucho al llegar. Son dos culturas enamoradas».
La transformación de Usera también se refleja en quienes han llegado al barrio en los últimos años. Zhang Xiu Qing, de 30 años, vive en Usera desde 2025 junto a su pareja y esperan un hijo. Para ella, el arco representa esa mezcla de culturas que se respira en las calles. Otros vecinos de origen chino, que prefieren mantener el anonimato, señalan que están «muy contentos» con la obra.
Nieve, de 40 años y residente en Móstoles, ha acudido a Usera junto a varias compañeras para fotografiarse con el arco. Lo ha hecho vestida con un qipao, una prenda tradicional china de más de 100 años. «Estamos dando la bienvenida a un nuevo símbolo en Madrid», recalca. Sobre su experiencia en el barrio, añade: «Usera es una buena representación de la fusión. Los españoles son como de mi familia».
No todo son elogios. Jenni, de 53 años y vecina desde hace 27, regenta un negocio de patatas y frutos secos en la zona y ha sufrido las molestias de las obras durante los últimos nueve meses. Aunque reconoce que el monumento es bonito, no termina de convencerle la elección de los colores.
Los más pequeños también se han fijado en el nuevo paisaje. Irene y Sofía, de 24 y 38 años, trabajan en un espacio infantil de Usera y pasean habitualmente por la zona con los niños en sus carritos. Su recorrido ahora incluirá una parada diferente: el recién estrenado arco.





