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Vuela Abejorro y el arte de volar sin aplausos

Javier Guerrero, abogado mediático, convierte la fragilidad, las heridas y la resistencia en el corazón de Vuela Abejorro, una obra que cuestiona nuestra obsesión por alcanzar la cima y plantea una reflexión mucho más profunda: el verdadero triunfo quizá no consista en llegar, sino en conseguir no perderse durante el camino.

Marcos López Quiroga
Marcos López Quiroga
· 5 min de lectura

Hay ciudades que parecen construidas para no detenerse y Madrid es, probablemente, una de ellas. Cada mañana, millones de vidas atraviesan sus calles con una urgencia casi invisible mientras el Metro se llena, las oficinas despiertan, los teléfonos comienzan a sonar y la Gran Vía recupera ese movimiento incesante de una ciudad en la que siempre parece existir algún lugar al que llegar. Corremos para trabajar, para cumplir objetivos, para responder mensajes, para demostrar que avanzamos y para alcanzar aquello que alguna vez decidimos llamar éxito, aunque pocas veces nos detenemos ante una pregunta mucho más difícil: qué sucede cuando finalmente conseguimos aquello por lo que llevábamos tanto tiempo luchando.

 

Ese es precisamente el territorio en el que Javier Guerrero sitúa Vuela Abejorro, su nuevo libro que comienza exactamente donde suelen terminar las historias convencionales sobre el éxito porque nuestra sociedad sabe celebrar las llegadas, las victorias, los ascensos y las fotografías desde la cima, pero habla mucho menos del día siguiente, cuando termina la ovación, desaparece la novedad y uno debe aprender a convivir con todo aquello que el éxito no ha conseguido resolver. Guerrero dirige su mirada hacia ese instante y convierte una cuestión aparentemente sencilla en el centro emocional del libro: conquistar un sueño puede resultar extraordinariamente difícil, pero aprender a sostenerlo sin perderse a uno mismo quizá lo sea todavía más.

 

Si en su anterior obra Sé Abejorro el autor utilizaba la metáfora de este pequeño animal para hablar del coraje necesario para desafiar los límites, vencer el miedo y atreverse a despegar, en Vuela Abejorro el viaje continúa desde una perspectiva más íntima y humana. Ya no se trata únicamente de comenzar, sino de permanecer; no solamente de demostrar que podemos alcanzar aquello que parecía imposible, sino de comprender quiénes somos cuando lo hemos conseguido y descubrimos que la vida continúa planteándonos preguntas. De ahí nace una de las frases que mejor sintetizan la esencia de la obra: «Despegar demuestra valentía; mantenerse en el aire revela el carácter».

 

Vuela Abejorro no está construido desde la euforia del vencedor, sino desde un lugar mucho más reconocible para cualquiera que haya vivido, perdido y tenido que empezar nuevamente: la cicatriz. Guerrero escribe sobre la fragilidad, la pérdida, la soledad, las dudas y la reconciliación con el pasado, pero también sobre la extraordinaria capacidad del ser humano para reconstruirse cuando la vida deja de parecerse al plan que había imaginado.

 

No promete una existencia sin dolor ni pretende transformar cada dificultad en una frase de optimismo superficial, sino que reconoce que existen heridas que permanecen incluso después de las victorias y que ningún reconocimiento exterior puede garantizar por sí mismo la paz interior.

 

Esa mirada convierte el libro en algo más que una reflexión sobre el crecimiento personal, porque obliga a enfrentarse a una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo. Vivimos rodeados de mensajes que identifican la felicidad con los resultados, el reconocimiento, la productividad y la capacidad de avanzar constantemente, como si detenerse fuese una forma de fracasar. Sin embargo, podemos alcanzar exactamente aquello que durante años habíamos deseado y descubrir entonces que algunas inseguridades han viajado con nosotros hasta la cima, que existen ausencias que ningún aplauso puede sustituir y que determinadas preguntas siguen esperando una respuesta. Las heridas forman parte de nuestra historia y pueden explicar de dónde venimos, pero el verdadero desafío consiste en impedir que terminen decidiendo hacia dónde vamos.

 

Quizá por eso Vuela Abejorro encuentra una resonancia especialmente poderosa en una ciudad como Madrid, una ciudad acostumbrada a avanzar y construida durante generaciones por personas que llegaron buscando una oportunidad, levantaron negocios, formaron familias, comenzaron nuevamente, perdieron, vencieron y volvieron a intentarlo.

 

En esas vidas anónimas puede encontrarse también el espíritu del libro: en quien alcanzó aquello que llevaba años persiguiendo y descubrió que todavía necesitaba encontrarse a sí mismo; en quien perdió algo que consideraba imprescindible y tuvo que aprender a continuar; en quien decidió comenzar nuevamente cuando pensaba que ya era demasiado tarde, y también en quienes sonríen mientras atraviesan dificultades que nadie a su alrededor conoce. Las grandes epopeyas contemporáneas quizá no necesiten héroes mitológicos, porque algunas suceden cada mañana en un vagón de Metro, en una habitación de hospital, en un despacho vacío al terminar la jornada o en una casa donde alguien intenta reconstruir silenciosamente su vida después de una pérdida.

 

La cuestión que plantea Vuela Abejorro no consiste en renunciar a la ambición ni en contemplar el esfuerzo como algo negativo, sino en impedir que aquello que perseguimos termine sustituyendo aquello que somos. Existe una diferencia fundamental entre crecer y desaparecer dentro de nuestros propios objetivos, entre alcanzar una cima y descubrir, una vez allí, que durante el ascenso hemos abandonado todo aquello por lo que inicialmente merecía la pena luchar.

 

El verdadero reto consiste, por tanto, en avanzar sin olvidarse, crecer sin dejar de reconocerse y triunfar sin convertir el éxito en una identidad que termine devorando a la persona.

 

Vuela Abejorro constituye el segundo capítulo de una trilogía iniciada con Sé Abejorro y cuya culminación está prevista para 2027. Esa continuidad permite entender el crecimiento personal no como una transformación instantánea, sino como un recorrido en el que primero aparece la decisión de despegar y después llega una prueba posiblemente más compleja: aprender a sostener el vuelo cuando desaparece el impulso inicial. El libro está disponible en Amazon desde el pasado 22 de julio y está prevista posteriormente su llegada a librerías. Además, durante 2026 Javier Guerrero presentará la obra en Madrid, Barcelona y Zaragoza, llevando estas reflexiones al encuentro directo con los lectores.


La verdad más profunda que atraviesa Vuela Abejorro es que algunas de las victorias más importantes jamás reciben aplausos, porque el verdadero éxito no siempre consiste en alcanzar la cima, sino en tener el carácter suficiente para continuar volando y, sobre todo, en conseguir no perderse a uno mismo mientras se asciende.

Marcos López Quiroga

Escrito por

Marcos López Quiroga

Redactor de Actualidad

Sigue la actualidad de Madrid: sucesos, tribunales y la vida en los barrios de la ciudad.

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