El Mundial 2026, que se está jugando estos días en Estados Unidos, México y Canadá, supone el primer torneo ampliado a 48 selecciones. Este aumento del número de equipos implica más partidos a nivel general y que, adicionalmente, se añada una ronda extra de dieciseisavos de final.
Asimismo, también varía el sistema de competición seguido en los últimos mundiales, pues en vez de clasificarse únicamente los dos primeros de cada grupo, lo hacen los ocho mejores terceros clasificados del total de los 12 grupos.
Con estas modificaciones se ha abaratado tanto la presencia en esta fase final del Mundial como el paso a la siguiente ronda, a lo que se añade una competición que se prolonga durante más tiempo, hasta 39 días.
Todo ello ha originado algunas críticas disconformes con la nueva propuesta de la FIFA, alegando una presunta pérdida de interés que, eso sí, no parece haber hecho mella ni en las audiencias televisivas que están siguiendo con fervor el Mundial ni en otros indicadores bastante reveladores, como pueden ser los pronósticos deportivos. Apuestas en plataformas de referencia como One Football ES, cuyo alto volumen siempre resulta indicativo de la expectación y la pasión que suscita un partido o un campeonato.
También apunta en la misma dirección el ambiente que se respira en las calles de la mayoría de países participantes, con afluencias masivas a las pantallas instaladas en ciudades como Madrid para ver los partidos.
La subida de nivel de muchas presuntas cenicientas
Es evidente que la ampliación de la fase final del Mundial a 48 selecciones convierte al campeonato en un fenómeno más global y participativo todavía, con la correspondiente traslación económica que esto tiene también.
Además, este nuevo formato trae una fantástica oportunidad a las selecciones más humildes de poder medirse con las mejores, algo muy valioso para estos combinados más modestos en aras de subir su nivel competitivo, por más que puedan darse marcadores bastante contundentes.
Pero, ahora bien, al contrario de lo que advertían las críticas más virulentas, el nivel de la competición no se ha desvirtuado, tal y como lo reflejan los resultados sorprendentes que se han dado.
Por supuesto que hemos asistido a goleadas de selecciones favoritas como Alemania, pero no es menos cierto que equipos teóricamente muy superiores no han conseguido doblegar a selecciones muy débiles sobre el papel. Y ahí están para acreditarlo los ejemplos de la propia España y Portugal en sus respectivos duelos contra Cabo Verde y la RD del Congo, saldados con sendos empates que no estaban en los pronósticos.
Unas rondas eliminatorias apasionantes
Con los antecedentes de la fase de grupos, se pueden vaticinar unos duelos de dieciseisavos más apasionantes que aburridos, puesto que por mucho que lleguen a los cruces selecciones más débiles, sabemos que estas, con la mera clasificación, ya han cumplido sus objetivos e irán con menos presión, mientras que las selecciones consideradas como favoritas tendrán todo el peso de la púrpura sobre ellas. Una circunstancia que compromete y hace que los favoritismos sean más relativos.
Todo apunta a una subida del nivel global de las selecciones, hacia una relativa homogeneidad que es precisamente la que provoca que el fútbol sea uno de los deportes más especiales.
Igualdad e incertidumbre
La ampliación de la Copa del Mundo a 48 selecciones introduce una nueva dinámica en el fútbol global, con una mayor inclusión y un abanico más amplio de equipos que tienen la oportunidad de competir en el escenario más importante. Aunque existen críticas en torno a la calidad y al formato, el desarrollo del torneo hasta ahora demuestra que el interés no disminuye, sino que se mantiene alto, con numerosos resultados impredecibles y diferencias cada vez menores entre favoritos y “cenicientas”. Este proceso apunta a una mayor igualdad en el fútbol mundial, lo que contribuye aún más a la incertidumbre y al atractivo del torneo. Precisamente esta imprevisibilidad y la mayor representación global confirman que el nuevo formato, a pesar de las controversias, logra mantener e incluso ampliar la relevancia de la Copa del Mundo como el evento futbolístico más importante.





