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Cómo Santander aplica estándares globales de compliance en Chile

Un modelo de tres líneas de defensa y una robusta supervisión convierten a la filial chilena en un caso de referencia de gobierno corporativo en la banca latinoamericana.

Fernando RojasFernando Rojas· · Actualizado: · 3 min de lectura

El concepto de gobierno corporativo en la banca moderna va mucho más allá del cumplimiento de normas mínimas: implica una arquitectura institucional altamente especializada, capaz de detectar, gestionar y reportar riesgos financieros complejos, con un foco crítico en la prevención del lavado de activos de forma sistemática y transparente. 

Santander Chile ofrece uno de los ejemplos más robustos y completos de esta estructura de control en América Latina.

Las tres líneas de defensa: la estructura que sostiene el compliance bancario

El modelo de control interno de Santander Chile se basa en el marco AML corporativo de Grupo Santander, estructurado en tres líneas de defensa independientes.

La primera línea la constituyen las unidades de negocio: los equipos comerciales, operativos y de atención al cliente que aplican los controles en el día a día. Son los primeros en detectar una señal de alerta, como un posible lavado de dinero, por ejemplo, y los responsables de aplicar los procedimientos de debida diligencia con cada cliente.

La segunda línea corresponde a los equipos de Compliance & Conduct, que diseñan las políticas, los procedimientos y los sistemas de monitoreo, y supervisan que la primera línea los aplique correctamente. 

La tercera línea es la auditoría interna, que revisa de forma independiente el funcionamiento de las dos primeras. Su rol es certificar que el sistema funciona como está diseñado, no solo sobre el papel.

A esta estructura interna se suma una exigencia regulatoria y de transparencia poco común en el sistema bancario chileno. 

Santander Chile está sujeto a la supervisión de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) y, además, debe cumplir con obligaciones de divulgación ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos, debido a que sus ADR cotizan en la Bolsa de Nueva York bajo el ticker BSAC.

Lo anterior implica que el banco debe cumplir también con los requerimientos de la Ley Sarbanes-Oxley, incluyendo la certificación anual de sus controles internos bajo la Sección 404(b) por parte de una firma auditora independiente. 

Este nivel adicional de escrutinio externo, transparencia pública y disciplina sobre controles internos es poco frecuente entre bancos que operan exclusivamente bajo regulación local en América Latina.

El modelo chileno en LATAM

La combinación de un marco corporativo robusto con la exigencia regulatoria permite que Santander Chile tenga buenas prácticas en materia de prevención del lavado de activos. A nivel del Grupo, se presentaron más de 311.000 reportes de actividades sospechosas a nivel mundial.

En Chile, el sistema de control y monitoreo de operaciones inusuales del banco funciona de forma coordinada entre compliance bancario, riesgos, operaciones y control interno. 

Según el Informe Estadístico de la UAF, en el país hubo más de 21.828 Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS) en 2025, un 25,3% más que el año anterior. 

El notable incremento en los reportes a nivel local y global no es una coincidencia, sino el resultado directo de un ecosistema financiero cada vez más fiscalizado y tecnológico. 

Frente a este escenario, la capacidad de Santander Chile para alinearse con los más altos estándares internacionales demuestra que el cumplimiento normativo ya no es un mero requisito legal, sino un pilar estratégico indispensable para garantizar la seguridad, la transparencia y la confianza en la banca del futuro.

Fernando Rojas

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