Una lucha de poder en el corazón de Cibeles
La tensión dentro del grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento de Madrid ha alcanzado niveles insostenibles, evidenciándose durante la última sesión del Pleno. En una escena que parece sacada de una obra teatral, Javier Ortega Smith y Arantxa Cabello se disputan el título de portavoz legítimo, mientras la presidencia del Pleno observa con cautela.
A pesar de que Ortega Smith sigue siendo reconocido oficialmente como portavoz por el presidente del Pleno, Borja Fanjul, Cabello no se ha quedado callada. Durante su intervención, afirmó rotundamente: «Yo soy la portavoz legítima del grupo municipal de Vox». Este desafío directo a la autoridad establecida ha generado un ambiente tenso y confuso dentro del partido.
La respuesta a esta declaración no tardó en llegar. El concejal del Partido Popular, Jaime González Taboada, intervino para recordarle a Cabello que su postura era inapropiada y que Ortega Smith seguía siendo el portavoz reconocido. «Usted no es la portavoz, ni legítima ni de ninguna manera», le espetó Taboada, dejando claro que las divisiones internas están afectando no solo a Vox sino también al funcionamiento general del Pleno.
No solo las palabras fueron testigos de esta fractura; las votaciones también reflejaron la división. Mientras Cabello y Fernando Martínez Vidal votaban juntos, el resto del grupo municipal se alineaba con Ortega Smith. Esta separación ha llevado a una situación donde los miembros de un mismo partido parecen estar más divididos que nunca.
A pesar de sus diferencias internas, ambos sectores coinciden en su oposición a las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) implementadas por el Gobierno municipal. Cabello anunció que Vox había presentado un recurso contencioso-administrativo contra esta nueva ordenanza y aseguró que su objetivo es defender los derechos como concejales ante lo que consideran decisiones injustas.
A medida que avanza este conflicto interno sin resolución aparente, muchos se preguntan cuál será el futuro político de Vox en Madrid. La falta de unidad podría debilitar su posición frente a otros partidos políticos y afectar su capacidad para influir en decisiones clave para la ciudad.





