Un adiós forzado tras 67 años de historia
Bajo la lluvia y con el peso de una vida entera a cuestas, Mariano Ordaz, un jubilado de 67 años, dejó su hogar en la calle Carnero, en el barrio de Embajadores. Este jueves, la escena fue dramática: escoltado por fuerzas antidisturbios y rodeado por un despliegue policial que incluía bomberos y sanitarios, Mariano se vio obligado a abandonar el lugar donde había vivido desde su nacimiento.
El desalojo fue el quinto intento contra Mariano, quien ha luchado incansablemente por mantener su hogar. La Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, responsable del lanzamiento, posee un patrimonio inmobiliario considerable en Madrid. Sin embargo, este acto no pasó desapercibido para los vecinos y activistas que se congregaron para protestar. Con pancartas en mano y gritos de apoyo hacia Mariano, la comunidad mostró su rechazo a lo que consideraban una injusticia social.
La situación se complicó aún más cuando dos activistas del colectivo Acciones en Alturas decidieron escalar el edificio para impedir el acceso judicial al piso de Mariano. Esta acción valiente reflejó la desesperación ante lo que muchos consideran una falta de humanidad por parte de la orden religiosa. Mientras tanto, desde dentro del inmueble se escuchaban conversaciones entre miembros del operativo que sugerían actuar sin miramientos.
Mariano ha explicado que sus problemas comenzaron durante la pandemia cuando sus ingresos disminuyeron drásticamente. Intentó negociar con la propiedad una renta acorde a su pensión, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Por otro lado, la Venerable Orden Tercera argumenta que el desalojo es necesario debido al deterioro del edificio y al impago prolongado por parte del jubilado.
A pesar de las justificaciones ofrecidas por la orden religiosa, muchos vecinos han denunciado las malas condiciones estructurales del inmueble. Una residente comentó sobre los problemas graves como desprendimientos y humedades que afectan no solo a Mariano sino también a otros inquilinos. Según ellos, existe una percepción generalizada de que la propiedad ha dejado degradar intencionadamente el edificio para facilitar desalojos y llevar a cabo reformas.
A medida que Mariano abandonaba su hogar bajo custodia policial y con servicios sociales a su lado, quedaba claro que este caso va más allá de un simple desahucio; es un símbolo de las luchas contemporáneas por vivienda digna en Madrid. La comunidad sigue atenta mientras esperan respuestas sobre cómo se resolverá esta situación tan compleja.





