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El legado de Attica: del templo del bakalao a un campamento ilegal en Madrid

La emblemática discoteca Attica se ha convertido en un campamento ilegal donde familias rumanas luchan por sobrevivir entre las ruinas de lo que fue un símbolo cultural madrileño.

Fernando RojasFernando Rojas· · 2 min de lectura

Un pasado vibrante y un presente sombrío

La discoteca Attica, que una vez fue el epicentro de la vida nocturna madrileña, ha sido transformada en un asentamiento ilegal que alberga a familias en condiciones precarias. Este emblemático local, inaugurado en 1987 y famoso por su ambiente festivo y su música electrónica, se encuentra ahora en ruinas, rodeado de grafitis que evocan su glorioso pasado.

En la actualidad, cerca de veinte infraviviendas han sido construidas sobre lo que alguna vez fue el bullicioso Attica. La mayoría de sus habitantes son familias rumanas que han encontrado refugio en este lugar tras ser desplazadas. Un carpintero rumano ha tomado la iniciativa de construir estas estructuras con materiales reciclados, cada una costando alrededor de 7.000 euros. A pesar de las condiciones adversas, los residentes han logrado crear un espacio que incluye electricidad y hasta áreas comunes como barbacoas.

A medida que el asentamiento crece sin control, las autoridades parecen impotentes ante la situación. Según Luis, propietario del restaurante Las Moreras cercano al campamento, el número de construcciones aumenta mes a mes. Aunque hay procesos judiciales en marcha para recuperar el terreno, la realidad es que las familias continúan estableciéndose allí.

A pesar de los esfuerzos por mantener el área limpia, los residuos acumulados a orillas del río Jarama son evidentes. Los habitantes aseguran no ser conflictivos y tratan de mantener un entorno ordenado; sin embargo, la contaminación del río plantea serias preocupaciones ambientales. Javi, portavoz de Patrulla Ciudadana, señala que dentro del grupo también existe racismo entre los carteristas y otros estratos sociales.

Aunque no todos los residentes son carteristas, este fenómeno está presente en la zona. Patrulla Ciudadana ha documentado varios casos recientes donde grupos organizados operan desde estos campamentos para llevar a cabo robos en lugares turísticos como Gran Vía. La policía ha intensificado sus esfuerzos para desmantelar estas redes criminales; sin embargo, muchos delincuentes logran evadir la justicia rápidamente.

Madrid enfrenta un dilema complejo: cómo abordar el problema del asentamiento ilegal mientras se preserva la seguridad pública y se protege a quienes buscan refugio. La historia de Attica es solo una parte más del mosaico urbano madrileño; un recordatorio constante de cómo los espacios pueden transformarse radicalmente con el tiempo.

Fernando Rojas

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Fernando Rojas