Hubo un tiempo en que reconocer que uno jugaba al ajedrez en el metro o resolvía sudokus en la sala de espera tenía algo de confesión incómoda. Hoy es casi una declaración de intenciones. Entre el tirón de las plataformas de ajedrez en internet, la fiebre de las aplicaciones que prometen poner el cerebro en forma y una generación que presume de retos de lógica en redes, los juegos de estrategia han pasado de pasatiempo discreto a fenómeno de masas. Vale la pena preguntarse qué hay aquí de moda pasajera y qué de tendencia con fundamento.
El cerebro convertido en gimnasio
El punto de inflexión tiene fecha y hasta serie de televisión. El estreno de *Gambito de dama* a finales de 2020 disparó las descargas de las grandes plataformas de ajedrez y llenó de tableros los pisos confinados de medio mundo. Aquello que parecía un pico coyuntural se ha consolidado: los principales portales del juego cuentan por millones sus partidas diarias, los torneos rápidos se siguen en directo como si fueran deporte y en Madrid han vuelto a llenarse los clubes de barrio y las mesas de los parques.
El ajedrez no viaja solo. El sudoku nunca se fue, los pasatiempos de palabras se comparten cada mañana en los grupos de mensajería y todo un sector de aplicaciones vende rutinas diarias de cálculo, memoria y atención con la promesa de mantener la mente despierta. El denominador común es sencillo: pensar se ha vuelto una forma de ocio que, además, se puede presumir.
Del tablero a las cartas: cuando pensar es media partida
No todos los juegos de estrategia se parecen. En un extremo está el ajedrez, donde no interviene el azar y gana quien calcula mejor. En el otro, los juegos que mezclan habilidad y suerte, un terreno donde la decisión del jugador pesa, pero nunca lo decide todo. El póquer es el ejemplo clásico de esa frontera, y las cartas llevan siglos ofreciendo un campo de pruebas perfecto para la probabilidad.
De todos ellos, hay uno que se ha ganado la etiqueta de juego de cartas más analizado por los matemáticos: el blackjack. Desde que en los años sesenta se formalizó su estrategia óptima, ha servido de ejemplo académico para explicar cómo tomar decisiones con información parcial, esa disyuntiva constante entre pedir carta o plantarse. Quien sienta curiosidad por su versión actual encontrará en una comparativa de salas de blackjack online qué operadores con licencia en España ofrecen mesas con crupier real y bajo qué condiciones, un dato útil para separar la oferta regulada de la que no lo está. Eso sí, hablamos de un pasatiempo para mayores de edad, y jugar con la cabeza fría empieza por decidir de antemano cuánto se está dispuesto a gastar.
¿De verdad sirve entrenar la mente?
Aquí es donde la ciencia pide calma. La idea de que unos minutos diarios de app convierten a cualquiera en un genio choca con la evidencia: los estudios más serios sugieren que uno mejora, sobre todo, en la tarea concreta que practica, y que la transferencia a otras capacidades es modesta. Resolver mil sudokus lo hace a uno bueno resolviendo sudokus, no necesariamente mejor conductor o más rápido con las facturas.
De hecho, hace ya años un grupo numeroso de científicos firmó un comunicado advirtiendo de que las promesas comerciales de la industria del «entrenamiento cerebral» corrían muy por delante de las pruebas. El aviso no ha frenado al sector, que sigue creciendo, pero sí conviene tenerlo presente antes de pagar una suscripción anual esperando milagros.
Dicho esto, no todo es escepticismo. Mantener la mente activa con retos que exigen concentración se asocia a una mejor reserva cognitiva con la edad, y hay un beneficio que ningún estudio discute: el disfrute. Un juego que engancha por su dificultad justa es un motivo para sentarse, pensar y desconectar del ruido, y eso ya justifica el rato.
El entrenamiento que cabe en el bolsillo
La otra gran razón del auge es que todo esto vive ahora en el teléfono. La partida de ajedrez, el reto de lógica y la mesa de cartas se han mudado a la misma pantalla en la que los juegos para móvil ya superan a las consolas en tiempo y en facturación. La barrera de entrada ha desaparecido: no hace falta comprar tablero ni buscar rival, basta abrir una aplicación en la cola del supermercado.
Esa comodidad explica buena parte del fenómeno, pero también su cara menos amable, la de convertir el descanso mental en una notificación más. La recomendación de los propios aficionados es la de siempre: elegir un par de juegos que de verdad gusten y dejar que el resto duerma en la carpeta.
Un placer que no pasa de moda
Puede que la palabra «entrenamiento» acabe sonando a etiqueta de marketing dentro de unos años, pero la afición por los juegos que obligan a pensar es mucho más vieja que cualquier app. Cambian los soportes, del tablero de madera a la pantalla táctil, y cambian las modas, del sudoku de periódico al reto viral de turno, pero el placer de una decisión bien calculada sigue intacto. Mientras haya alguien discutiendo la mejor jugada, ese pasatiempo tendrá futuro.






