Un legado histórico en el corazón de Usera
A orillas del estanque del parque de Pradolongo, se alza la iglesia Maris Stella, un emblemático edificio que ha sido testigo de más de un siglo de historia. Con su cúpula gris y una veleta en forma de gallo, esta iglesia no solo es un punto de referencia arquitectónico, sino también un símbolo de la evolución social y cultural del distrito madrileño de Usera.
Construida entre 1920 y 1930, Maris Stella es el único inmueble con valor patrimonial en Usera. Su historia está intrínsecamente ligada al crecimiento del barrio de Orcasitas, que comenzó a poblarse a mediados del siglo XX. En aquellos tiempos, los primeros habitantes llegaron desde diversas regiones españolas en busca de mejores oportunidades laborales durante la industrialización. La iglesia se convirtió rápidamente en el núcleo social del nuevo asentamiento, sirviendo como punto de encuentro para los recién llegados.
Durante la Guerra Civil Española, Maris Stella sufrió severos daños debido a los bombardeos que impactaron su estructura. A pesar de las cicatrices visibles en su cúpula, el templo continuó siendo un faro para la comunidad durante varias décadas. Sin embargo, a partir de 1980, el edificio cayó en desuso tras el cierre de la escuela adyacente y el deterioro generalizado del área circundante.
Con la urbanización del parque Pradolongo inaugurada en 1983 por Enrique Tierno Galván, la antigua iglesia pasó a ser parte integral del paisaje local. Su inclusión en el catálogo municipal como elemento protegido en 2009 marcó un hito importante para su conservación y revitalización.
El renacer de Maris Stella comenzó formalmente en 2016 mediante un proceso participativo que involucró a vecinos, asociaciones y escolares locales. Durante tres meses se llevaron a cabo talleres donde se discutió cómo debía ser utilizado este espacio histórico. El consenso fue claro: transformar la iglesia en un Centro de Interpretación Medioambiental vinculado al parque.
Las obras comenzaron en febrero de 2019 y culminaron en junio de 2021. Este proyecto no solo restauró los elementos estéticos originales del edificio sino que también lo adaptó para nuevos usos culturales y educativos. Además, se construyeron aulas para educación ambiental y espacios deportivos destinados al piragüismo.
Hoy día, Maris Stella funciona como Centro de Educación Ambiental ofreciendo una variedad rica en actividades formativas orientadas hacia el empleo juvenil. Desde rutas interpretativas hasta talleres educativos para colegios locales, este espacio ha cobrado vida nuevamente como lugar central para la comunidad.
Afuera, una plaza ajardinada sirve como punto neurálgico para encuentros vecinales e iniciativas culturales como mercados ecológicos o clases al aire libre. A pesar del paso del tiempo y las transformaciones radicales que ha vivido su entorno desde su construcción hace más de cien años, el viejo gallo sigue vigilando desde lo alto; un recordatorio constante tanto del pasado como del futuro prometedor que aguarda a esta histórica iglesia.





