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La poesía como refugio: jóvenes de Malasaña encuentran su voz en un taller innovador

En Malasaña, un innovador taller poético liderado por Nerea Longo está transformando vidas al ofrecer un espacio accesible para la expresión creativa entre jóvenes.

Marcos LópezMarcos López· · 2 min de lectura

Un nuevo hogar para la poesía

En el vibrante barrio de Malasaña, un grupo de jóvenes ha encontrado un refugio inesperado en la poesía. Este espacio, conocido como La Estancia, se ha convertido en el epicentro de una comunidad creativa que busca explorar y expresar sus emociones a través de las palabras. La iniciativa, liderada por Nerea Longo, conocida como Lúa, ha atraído a más de 120 participantes, quienes se reúnen semanalmente para compartir sus escritos y experiencias.

Lúa, quien comenzó su andanza poética en plataformas como Tik Tok, decidió dar un paso más allá al crear un espacio físico donde los jóvenes pudieran conectarse cara a cara. “Quería algo real”, afirma. Tras varios intentos en librerías locales que pronto se quedaron pequeñas, finalmente encontró su lugar en La Estancia, donde los participantes pueden hablar sobre grandes autores y experimentar con su propia escritura.

A diferencia de otros talleres que pueden ser prohibitivos económicamente, Lúa ha establecido una tarifa asequible de solo 30 euros al mes. “A los jóvenes no nos da para pagar nada”, explica. Esto ha permitido que muchos puedan acceder a la poesía sin las barreras económicas que suelen existir. Además, cada mes organizan eventos donde los participantes pueden recitar sus obras ante una audiencia, lo que les brinda una plataforma para mostrar su talento.

Más allá del arte, este taller se ha convertido en un espacio terapéutico para muchos. “La poesía me ha salvado la vida”, confiesa Lúa, quien comparte cómo escribir le ayudó durante momentos difíciles relacionados con su salud mental. Miguel Ángel Jerez, otro joven involucrado en el proyecto, añade que algunos asistentes provienen incluso de centros psiquiátricos buscando una salida emocional. “Aquí vienen a vomitar lo que sienten”, dice.

A medida que las redes sociales dominan la vida cotidiana de los jóvenes, Lúa y Miguel Ángel buscan fomentar conexiones reales entre ellos. “Estamos más desconectados que nunca”, señala Lúa al referirse a la soledad creciente entre los adolescentes y jóvenes adultos. En este sentido, Versándonos no solo es un taller; es una comunidad donde se respira camaradería y apoyo mutuo.

A medida que el proyecto crece, hay planes para expandir La Estancia hacia otras áreas culturales como cine o costura. El objetivo es seguir ofreciendo oportunidades creativas a los jóvenes y ayudarles a encontrar su voz en un mundo cada vez más complejo e incierto.

Marcos López

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