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El oscuro entramado de Diego Guerrero: del fraude educativo a la ruina de familias

Diego Guerrero Cruces se enfrenta a graves acusaciones tras ser señalado como responsable del cierre masivo de colegios Montessori en España, dejando tras él un rastro devastador.

Ana TorresAna Torres· · 2 min de lectura

Un empresario en el ojo del huracán

Diego Guerrero Cruces, conocido como El Mexicano, se ha convertido en el centro de una investigación que revela un escandaloso entramado de fraudes que ha afectado a cientos de familias y profesionales en España. A sus 58 años, este empresario ha sido descrito por quienes lo conocen como un embaucador con una notable habilidad para manipular y engañar.

En los últimos años, Guerrero ha estado vinculado al cierre de al menos ocho colegios privados que operaban bajo el sistema Montessori. La última víctima fue el colegio Montessori Village en Alcalá de Henares, que cerró sus puertas en enero, dejando a más de 50 niños sin escolarización tras meses de problemas económicos y denuncias por impagos. Este caso es solo uno más dentro de una serie de quiebras que han afectado a centros educativos asociados con su grupo empresarial.

Guerrero ha desarrollado un modus operandi característico: se acerca a dueños de colegios, generalmente educadores apasionados o familias que buscan alternativas educativas, ofreciendo su ayuda para resolver problemas financieros. Sin embargo, su intervención suele culminar en la acumulación de deudas insostenibles. Según testimonios recopilados por investigadores, Guerrero promete gestionar los centros a cambio del 60% del capital y luego deja a deber alquileres y pagos a proveedores.

A medida que las escuelas caen en la insolvencia, Guerrero se desentiende progresivamente, dejando a las instituciones educativas sin recursos. Las denuncias apuntan no solo al grupo Seed Education —que ahora opera bajo el nombre Uniq Campus— sino también a Scientia School, dirigido por su hermano Francisco Guerrero. Varios centros vinculados han enfrentado quiebras similares en diversas localidades españolas.

Las víctimas relatan cómo Guerrero recauda entre 15.000 y 40.000 euros por familia bajo la promesa de retornos económicos atractivos para los inversores. Sin embargo, una vez asegurada la inversión inicial, comienza un proceso sistemático para dejar caer la institución educativa en la ruina financiera. Este ciclo vicioso ha dejado un rastro devastador tanto para las familias como para los educadores involucrados.

A medida que se revelan más detalles sobre las operaciones fraudulentas de Diego Guerrero, surge una pregunta inquietante: ¿cómo es posible que un individuo sin formación pedagógica ni experiencia relevante haya logrado establecer tal red empresarial? La respuesta parece estar relacionada con su capacidad para manipular situaciones y personas vulnerables buscando soluciones educativas alternativas.

Ana Torres

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Ana Torres