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Los ultraprocesados ya son un tercio de la compra española: el movimiento británico que propone volver a la cocina en septiembre

Los ultraprocesados han aumentado al 32% en la compra española. Un movimiento británico propone volver a la cocina con sencillas reglas desde septiembre.

Marcos López Quiroga
Marcos López Quiroga
· 4 min de lectura

El dato está encima de la mesa desde noviembre de 2025 y sigue incomodando igual. Según la serie que The Lancet dedicó a los alimentos ultraprocesados —tres artículos firmados por 43 investigadores tras dos años de trabajo—, la aportación calórica de los ultraprocesados a la compra de los hogares españoles pasó del 11% al 32% en tres décadas.

Se triplicó. Y en un país que exportó al mundo la dieta mediterránea.

Renata Bertazzi, investigadora vinculada a la Universidad de Salamanca y una de las firmantes, matizó entonces el alcance de la cifra: refleja la contribución porcentual de las calorías per cápita adquiridas por los hogares según las encuestas de consumo disponibles, la última de ellas de 2010. Vista la tendencia, el consumo real de hoy será mayor.

Qué dice la evidencia

La serie de The Lancet, coordinada por Carlos Monteiro (Universidad de São Paulo), Camila Corvalán (Universidad de Chile) y Phillip Baker (Universidad de Sídney), revisó 104 estudios de seguimiento a largo plazo. En 92 de ellos aparecía una asociación con mayor riesgo de enfermedad crónica. Los metaanálisis vincularon el consumo elevado de ultraprocesados con doce patologías, entre ellas obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, depresión y mortalidad prematura.

Conviene precisar de qué se habla, porque el término se usa con demasiada alegría. No es lo mismo procesar que ultraprocesar: un bote de garbanzos cocidos, un queso o una conserva de tomate están procesados y nadie los señala. La definición que maneja la comunidad científica es más restrictiva: formulaciones industriales elaboradas a partir de derivados baratos de alimentos y aditivos, diseñadas y comercializadas para sustituir a la comida que antes se cocinaba en casa.

Un trabajo comparativo publicado en el European Journal of Nutrition, elaborado con la base de datos de consumo de la EFSA, situó a los adultos españoles en torno al 27% de la energía diaria procedente de alimentos y bebidas ultraprocesados. La media europea rondaba el 27,2%. El Reino Unido encabezaba la tabla, cerca del 40%, e Italia cerraba la lista con un 13% escaso.

España no está entre los peores, pero tampoco se libra: se queda en la media europea, que es un sitio bastante peor de lo que aquí se suele suponer.

Una propuesta de mínimos

La respuesta que llega este septiembre desde el Reino Unido llama la atención por lo poco que pide.

The Whole Plate es un movimiento gratuito impulsado por Whole Food Earth, una empresa británica de alimentación ecológica a granel con sede en Ramsgate, en el condado de Kent. Su tesis cabe en una línea: la mayor parte del plato, la mayor parte del tiempo, debería ser comida entera o mínimamente procesada. El 1 de septiembre arranca su campaña anual, Whole Plate September.

Todo el programa se resume en cinco reglas, redactadas sin ninguna solemnidad:

  1. Si tu abuela no lo reconocería, piénsalo dos veces.
  2. Cinco ingredientes o menos, casi siempre.
  3. Cocina una comida más a la semana que la semana pasada.
  4. La mitad del plato, verduras: frescas, congeladas, en conserva o secas. Todas cuentan.
  5. Los caprichos son caprichos de verdad: hechos con cosas de verdad y comidos a conciencia.

Quien se apunta recibe un correo breve al día durante 30 días, con una sustitución, una receta o una idea sencilla. No hay que contar nada ni comprar nada, y la inscripción es gratuita.

La tercera regla es la que más interés tiene en clave de salud pública: es la única que casi nadie puede suspender del todo. Una comida más a la semana son unas dieciséis comidas caseras adicionales de aquí a fin de año, sin renunciar a nada por el camino.

El contexto madrileño

En Madrid el debate no es teórico. Los comedores escolares, la oferta de las máquinas expendedoras en centros públicos y la publicidad alimentaria dirigida a menores llevan años en el debate municipal y autonómico, y las recomendaciones que plantea la serie de The Lancet —etiquetado frontal, restricciones publicitarias, retirada de ultraprocesados de instituciones públicas— apuntan justo ahí.

Mientras tanto, la parte que depende de cada casa sigue siendo la de siempre: la compra semanal, el mercado del barrio, la olla del domingo. Madrid conserva una red de mercados municipales que buena parte de Europa perdió hace décadas, y eso no se improvisa.

La iniciativa, sus cinco reglas y el registro para los 30 días están disponibles en wholefoodearth.com, donde la empresa reúne además su catálogo de alimentos ecológicos sin procesar: legumbres, cereales, harinas, frutos secos y especias a granel.

Es una campaña impulsada por una empresa del sector, con lo que eso implica. También es, de momento, gratuita y sin obligación de comprar nada.

Marcos López Quiroga

Escrito por

Marcos López Quiroga

Redactor de Actualidad

Sigue la actualidad de Madrid: sucesos, tribunales y la vida en los barrios de la ciudad.

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