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Ayurveda en España: secretos de medicina alternativa

Tiene miles de años, habla de doshas y aceites templados, y cada vez más gente lo prueba sin salir de casa. Lo que conviene saber antes de lanzarse.

Redacción de Digital de Madrid
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Hace no tanto, contar en una cena que ibas a un terapeuta ayurvédico provocaba el mismo silencio que confesar que hablas con tus plantas. Hoy ya no tanto.

El interés por el Ayurveda en España ha dejado de ser cosa de cuatro iniciados y ya no hace falta volar a Kerala para encontrar formación seria, terapeutas preparados o alguien que te explique qué es eso de los doshas sin mirarte como si fueras a pedirle un horóscopo.

El Ayurveda es un sistema tradicional de salud nacido en la India, y su nombre en sánscrito viene a significar ciencia de la vida. Su idea de partida cabe en una servilleta: estar bien depende del equilibrio entre cuerpo, mente y entorno. Por eso pone más atención en prevenir y en los hábitos diarios que en apagar síntomas cuando ya han aparecido.

Qué propone el Ayurveda

Aquí no hay una pastilla para cada cosa. El enfoque es personalizado: dos personas con el mismo malestar pueden recibir recomendaciones distintas, porque lo que se mira es la constitución de cada uno, lo que en la tradición se llama prakriti. La alimentación, el descanso, la rutina, el masaje y la respiración forman parte del mismo paquete.

Los tres doshas, sin incienso de por medio

La base del sistema son tres energías o doshas que todos tenemos en distinta proporción:

Vata, ligado al aire y al espacio, gobierna el movimiento. Quien tiene mucho Vata suele ser creativo, rápido y, a veces, un manojo de nervios que se olvida de comer.

Pitta, asociado al fuego y al agua, rige la digestión y el metabolismo. Son personas intensas, organizadas y con poca paciencia para las colas del supermercado.

Kapha, vinculado a la tierra y al agua, aporta estructura y calma. Gente estable, constante y leal, aunque levantarse del sofá un domingo les cueste un poco más.

Si mientras lees te reconoces en los tres, tranquilo: es lo normal. Casi nadie es un dosha puro, y precisamente de esa mezcla parte cualquier valoración ayurvédica.

El masaje como primer contacto

Para mucha gente el primer encuentro con esta disciplina no llega por los libros, sino por una camilla. El masaje Ayurveda más conocido es el abhyanga, que se hace con aceites templados elegidos según la constitución de cada persona y con movimientos amplios y rítmicos. Quien lo prueba suele hablar de una relajación profunda, menos tensión muscular y mejor descanso esa misma noche.

Existen otras técnicas, como el shirodhara, en el que un hilo de aceite tibio cae de forma continua sobre la frente. Suena raro contado así, lo sabemos. Pero tiene una legión de fans que lo describen como apagar el ruido mental durante un rato, algo que en plena semana de trabajo vale su peso en oro.

Dónde se aprende en serio

Que algo esté de moda tiene un problema evidente: aparecen cursos exprés que prometen convertirte en experto en un fin de semana. Por eso importa tanto saber quién está detrás de la formación.

La Escuela de Ayurveda de California

Uno de los nombres de referencia es la Escuela de Ayurveda de California, que acumula 31 años de trayectoria en la enseñanza de esta disciplina y lleva 17 años ofreciendo cursos en España. Ese recorrido es justo lo que separa una formación con método de un taller improvisado: programas estructurados, docentes con experiencia y una continuidad que no se consigue de un año para otro.

El papel de Ayurveda Alliance

En el mismo terreno aparece Ayurveda Alliance, un nombre que conviene tener presente cuando se habla de profesionalizar el sector y de que quienes practican y enseñan Ayurveda compartan criterios comunes. Para el alumno, esto es una brújula útil: una red de referencia ayuda a distinguir lo serio de lo pintoresco.

Lo que el Ayurveda no es

Toca ponerse serios un momento. En España, el Ayurveda no está regulado como profesión sanitaria, así que se entiende como una práctica de bienestar y un complemento, nunca un sustituto de la medicina convencional. Si tienes una enfermedad diagnosticada o tomas medicación, habla con tu médico antes de cambiar la dieta o tomar cualquier preparado.

Ojo también con los suplementos de origen dudoso comprados por internet. Algunos productos importados han dado problemas de calidad, y que algo sea natural no lo convierte en inofensivo. La cicuta también es muy natural. Y una regla de oro: si alguien te promete que una infusión lo cura todo, sal de ahí con educación y sin mirar atrás.

Cómo elegir terapeuta o formación

Preguntas que conviene hacer

Antes de tumbarte en una camilla o pagar una matrícula, merece la pena preguntar dónde se formó el profesional y durante cuánto tiempo, si trabaja vinculado a alguna escuela o red reconocida y si te pregunta por tu historial de salud antes de empezar. Un buen terapeuta respeta tus tratamientos médicos y no te pide que los dejes. Si se pone a la defensiva con estas preguntas, ya tienes la respuesta.

Con la formación pasa algo parecido. Revisa las horas del programa, el temario y la trayectoria del centro. Una escuela con décadas detrás no es garantía absoluta de nada, pero sí indica que ha sobrevivido a modas, críticas y alumnos exigentes, que no es poco.

Pequeños hábitos para empezar en casa

No hace falta apuntarse a nada para probar la filosofía ayurvédica. La tradición propone una rutina diaria o dinacharya con gestos sencillos: levantarse y acostarse a horas parecidas, empezar el día con un vaso de agua tibia, comer caliente y sin prisas, hacer de la comida principal la del mediodía y dejar la cena ligera. Ninguno de estos hábitos te convertirá en un sabio del Himalaya, pero tu estómago, y probablemente tu humor de las ocho de la mañana, lo van a notar antes que tu cuenta de Instagram.

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