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Cirugía ortognática: qué es, tipos y cuándo necesitarla

La cirugía ortognática corrige desequilibrios óseos en los maxilares para solucionar problemas de mordida, masticación y estética facial con resultados permanentes.

Margarita SiveraMargarita Sivera· · 6 min de lectura

La mandíbula no es un capricho estético. Cuando los huesos de la cara no encajan como deberían, las consecuencias van mucho más allá de la apariencia: dolores crónicos, problemas para masticar, dificultad para hablar con claridad, ronquidos imposibles… La cirugía ortognática existe precisamente para corregir esas situaciones en las que los aparatos de ortodoncia, solos, no pueden hacer el trabajo.

Si estás leyendo esto porque alguien te ha mencionado esta operación y no tienes muy claro de qué va, estás en el sitio adecuado. Vamos al grano.

Qué es la cirugía ortognática

La cirugía ortognática es una intervención quirúrgica que reposiciona los huesos de los maxilares (superior, inferior o ambos) para corregir malformaciones o desequilibrios óseos que afectan a la mordida, la función masticatoria y, en muchos casos, también a la estética facial.

El término viene del griego: orthos (correcto) y gnathos (mandíbula). O sea, «mandíbula correcta». Tan descriptivo como útil.

Lo que distingue a esta cirugía de otros tratamientos dentales es que actúa sobre el hueso, no sobre los dientes. Por eso se combina siempre con ortodoncia, generalmente antes y después de la operación. La ortodoncia alinea los dientes; la cirugía coloca los huesos en su posición ideal. Juntas, forman un equipo imbatible.

Si tienes dudas sobre si eres candidato, lo más sensato es consultarlo con un especialista en cirugía ortognática en Madrid con experiencia en casos complejos, ya que el diagnóstico requiere un análisis exhaustivo de la estructura facial y la oclusión dental.

Tipos de cirugía ortognática

No hay una sola cirugía ortognática; hay varias modalidades según qué hueso se interviene y cuál es el problema de base. Esto es importante entenderlo porque el plan quirúrgico depende completamente de tu anatomía concreta.

Cirugía del maxilar superior (osteotomía de Le Fort I)

Es la técnica más habitual para corregir problemas en el maxilar superior. El cirujano separa el hueso del maxilar del resto del cráneo y lo reposiciona hacia adelante, atrás, arriba o abajo según lo que el caso requiera.

Se utiliza en situaciones como:

  • Maxilar superior retraído (cara hundida en la zona media)
  • Exceso vertical del maxilar (sonrisa gingival excesiva)
  • Mordida abierta anterior

Cirugía del maxilar inferior (osteotomía sagital de rama mandibular)

Aquí se trabaja sobre la mandíbula. Es el procedimiento indicado cuando la mandíbula está demasiado adelantada (prognatismo mandibular) o demasiado retrasada (retrognatia).

El cirujano divide el hueso mandibular y lo desplaza a su posición correcta. Luego se fija con miniplacas y tornillos de titanio, que en la mayoría de los casos se quedan de forma permanente sin causar ningún problema.

Cirugía bimaxilar

Es la combinación de las dos anteriores. Se intervienen tanto el maxilar superior como el inferior en la misma operación. Es el tipo más complejo, pero también el que permite los cambios más completos cuando ambos huesos están implicados en el problema.

Se indica en maloclusiones severas, asimetrías faciales importantes o casos en los que solo operar un maxilar no daría el resultado óptimo.

Mentoplastia o genioplastia

En algunos casos se añade también una corrección del mentón. No siempre es necesaria, pero cuando hay una asimetría o una proyección insuficiente del mentón, esta técnica complementa perfectamente los resultados de la cirugía principal.

Cuándo se necesita esta cirugía

La pregunta del millón. No todo el mundo con una mordida un poco irregular necesita pasar por quirófano. La cirugía ortognática se plantea cuando los problemas son de origen esquelético, es decir, cuando el desajuste no está solo en los dientes sino en los propios huesos de la cara.

Estas son las situaciones más frecuentes en las que está indicada:

  • Prognatismo mandibular: la mandíbula inferior sobresale por delante del maxilar superior, lo que genera una mordida invertida y una apariencia facial característica.
  • Retrognatia: el mentón o la mandíbula quedan muy hacia atrás, lo que puede dificultar la respiración y dar una apariencia de «perfil cóncavo».
  • Mordida abierta: los dientes anteriores no contactan al cerrar la boca, lo que complica masticar y puede afectar al habla.
  • Asimetría facial: un lado de la cara creció más que el otro, algo que a veces se ve claramente y otras veces requiere análisis cefalométrico para detectarlo.
  • Apnea del sueño de origen estructural: en algunos casos, reposicionar la mandíbula mejora significativamente la obstrucción de la vía aérea.
  • Dificultad crónica para masticar o tragar que no tiene solución con ortodoncia convencional.

Una regla práctica: si el ortodoncista te dice que los dientes ya no pueden hacer más sin mover el hueso, es el momento de hablar con un cirujano maxilofacial.

Cómo es el proceso completo

La cirugía ortognática no es algo que ocurra de un día para otro. El proceso tiene varias fases bien definidas:

1. Planificación y diagnóstico. Se realizan radiografías cefalométricas, escáneres 3D, fotos y modelos dentales. Con todo eso, el equipo planifica virtualmente la operación antes de tocar nada.

2. Ortodoncia prequirúrgica. Dura entre 12 y 18 meses en la mayoría de los casos. Sirve para alinear los dientes dentro de sus respectivos huesos antes de reposicionar esos huesos.

3. La cirugía. Se realiza bajo anestesia general, dura entre 2 y 4 horas dependiendo de la complejidad, y requiere ingreso hospitalario de 1 a 3 días.

4. Recuperación. Las primeras semanas son las más exigentes: dieta blanda, inflamación notable y algo de paciencia. La recuperación funcional es progresiva, y los resultados definitivos se valoran a partir de los 6 a 12 meses.

5. Ortodoncia postquirúrgica. Dura otros 6 a 12 meses y sirve para afinar la oclusión final y asegurarse de que todo queda en su sitio.

Riesgos y lo que debes saber antes de decidir

Como cualquier cirugía, tiene sus riesgos. Los más habituales incluyen entumecimiento temporal en labios, mentón o mejillas (por afectación de nervios sensitivos), inflamación prolongada e infección, aunque esta última es poco frecuente en centros especializados.

Lo que conviene tener claro es que los resultados son estables y permanentes una vez que los huesos sueldan correctamente. No se trata de algo que haya que repetir ni que se revierta con el tiempo.

La clave para minimizar riesgos y maximizar resultados está en manos de quién confíes la intervención. La experiencia del equipo quirúrgico, la tecnología de planificación utilizada y el seguimiento postoperatorio marcan diferencias enormes entre un resultado bueno y un resultado excelente.

Margarita Sivera

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Margarita Sivera