En el extremo oriental del archipiélago canario, tan cerca la una de la otra que en los días claros parecen tocarse, están Lanzarote y Fuerteventura. Las separa un estrecho brazo de mar, el estrecho de La Bocaina, y cruzarlo es una de las excursiones más sencillas y agradecidas que puedes hacer en unas vacaciones en cualquiera de las dos islas. Son territorios hermanos, pero muy distintos: Lanzarote es la isla de los volcanes y la huella de César Manrique; Fuerteventura, la de las playas interminables y las dunas.
El lado lanzaroteño: volcanes y arte
Aunque el destino sea Fuerteventura, conviene no dar la espalda al punto de partida. Playa Blanca, en el sur de Lanzarote, es una base estupenda que presume de playas resguardadas como las de Papagayo, un rosario de calas de arena dorada y agua turquesa dentro de un espacio protegido. A un paso queda el Parque Nacional de Timanfaya, el corazón volcánico de la isla, donde la tierra todavía guarda calor a pocos metros de la superficie y el paisaje parece de otro planeta. Y por toda la isla se reparte la huella del artista César Manrique, presente en miradores, jameos y jardines de cactus que se integran en el terreno volcánico como si siempre hubieran estado ahí. Si te sobra un día antes o después de cruzar, merece la pena dedicarlo a descubrir la personalidad única de Lanzarote, ya sea asomándote a un mirador o recorriendo La Geria, la insólita comarca vinícola donde las viñas crecen en hoyos excavados sobre la ceniza volcánica.
Una travesía corta con vistas de cine
La ruta que cubre el ferry de Lanzarote a Fuerteventura conecta Playa Blanca, en el sur lanzaroteño, con Corralejo, en el norte majorero. Es una travesía muy breve, de apenas media hora, que se hace corta gracias al mar turquesa y al islote de Lobos recortándose en el horizonte. Como el viaje es tan corto y hay tantas salidas al día, sirve tanto para una excursión de un día como para cambiar de base. Puedes cruzar a pie o embarcar el coche, casi imprescindible en Fuerteventura, donde las mejores playas se reparten por una costa larguísima. Toda esta flexibilidad hace que la logística sea de las más sencillas de todo el archipiélago. El corto salto se hace incluso ameno gracias a las vistas, con el azul intenso del canal a ambos lados.
Qué ver al desembarcar
Corralejo te recibe con el Parque Natural de las Dunas, un desierto de arena blanca volcado sobre un mar de color imposible, que se extiende a lo largo de varios kilómetros de costa con playas casi siempre poco concurridas. A partir de ahí, la isla da mucho de sí:
- Isla de Lobos: un islote virgen y protegido, perfecto para el senderismo y el snorkel, donde además se come un pescado excelente en su pequeño restaurante, a un corto trayecto en barco desde Corralejo.
- El Cotillo: Antiguo pueblo pesquero con lagunas tranquilas al norte y playas bravas ideales para el surf al sur.
- Betancuria: Tierra adentro, la que fue primera capital de la isla, un pueblo blanco de aire colonial rodeado de montañas áridas y palmeras.
- El sur y Sotavento: En la península de Jandía, kilómetros de arena blanca y un punto de referencia mundial para el windsurf y el kitesurf, con lagunas de aguas poco profundas cuando baja la marea.
Con el coche a bordo puedes recorrer la isla de punta a punta en un mismo día, parando en las playas que más te llamen. Y si decides quedarte más tiempo, Fuerteventura invita a un ritmo lento, de largos paseos por la arena y puestas de sol sin prisa, en uno de esos destinos donde el reloj deja de importar.
Consejos para la travesía
- Frecuencias amplias: hay varias salidas al día en ambos sentidos. Aun así, en temporada alta conviene reservar en plataformas como Ferryhopper para asegurar plaza, sobre todo con coche.
- El viento manda: son islas ventosas por naturaleza; si te mareas, además de elegir un barco de mayor tamaño, puedes consultar con tu médico o en la farmacia las opciones de medicación disponibles para prevenirlo.
- Protección solar: el sol canario aprieta todo el año, así que gorra, crema y agua son imprescindibles en las dunas.
Saltar de Lanzarote a Fuerteventura es descubrir hasta qué punto dos islas vecinas pueden ser tan distintas. En apenas treinta minutos de mar pasas de los volcanes negros a las dunas doradas, en uno de esos viajes cortos que dejan una huella larga. Pocas rutas ofrecen tanto a cambio de tan poco tiempo de navegación.

