La Unidad Canina de la Policía Municipal de Móstoles celebra tres décadas de trabajo. Cinco guías y cinco perros de cuatro razas forman hoy el servicio, que sigue centrado en la detección de drogas.
Según publica madridiario.es, la Unidad Canina de la Policía Municipal de Móstoles cumple 30 años de actividad. El servicio nació cuando el consumo y la venta de drogas en los parques de la localidad llevó a la Jefatura del cuerpo a buscar nuevas herramientas para reforzar la seguridad ciudadana.
La detección de drogas sigue siendo una de sus funciones principales. Los perros también participan en dispositivos de seguridad, controles policiales, actuaciones en entornos escolares y patrullas preventivas, además de exhibiciones y actividades con jóvenes con necesidades especiales.
Los animales viven en casa con sus guías. Eduardo Alonso, agente de la Policía Municipal de Móstoles e integrante de la unidad, explica el motivo:
«La afinidad que se adquiere con el can es mucho mayor si convive contigo».
Los primeros binomios fueron dos pastores alemanes, Tula y Zar, que superaron un curso de seis meses en la escuela del Cuerpo Nacional de Policía. En el año 2000 se incorporaron dos nuevos guías formados en el mismo centro. Cinco años después, una reestructuración convirtió la unidad en un servicio independiente dentro del área de Mediación y Seguridad Ciudadana, con responsable propio.
La Policía Municipal impartió sus propios cursos de formación en 2005 y 2010. El de 2010 contó también con agentes de Alcalá de Henares, Las Rozas, Pozuelo de Alarcón, Torrelodones y Villanueva de la Cañada.
Al principio, los animales estaban preparados para detectar hachís, marihuana, heroína y cocaína. Con los años se han sumado anfetaminas, MDMA, LSD, cristal y tusi, además de billetes de curso legal y armas.
En la actualidad, la unidad cuenta con cinco guías y perros de cuatro razas: tres pastores alemanes, dos pastores belgas malinois, un labrador y un springer spaniel. Según el propio servicio, se encuentra en proceso de incorporar nuevos animales y prevé ampliar el número de guías.
Alonso señala que el aspecto o el pedigrí no determinan la selección de un animal:
«Lo importante es que cumpla los requisitos que buscamos: un alto impulso de caza o de juego, una fuerte motivación y una gran estabilidad emocional».
Antes de entrar en servicio, el agente y el perro superan juntos un curso básico de guía canino de unas 500 horas. Los animales suelen tener entre uno y un año y medio al empezar esa formación, en la que aprenden la detección de sustancias y las órdenes básicas de obediencia.
Una vez en servicio, el entrenamiento continúa todos los días, también en los periodos de libranza. La rutina incluye ejercicios de detección, obediencia, agilidad y preparación física, además de la atención a las solicitudes de apoyo de otras unidades.






